EL HOMBRE Y SUS SIMBOLOS JUNG PDF

Y es que no percibimos las cosas por entero o nos cuesta comprenderlas por completo. Ya que en este sentido los tatuajes siempre se entendieron como un signo de alianza. Lo mismo ocurre con los objetos o vegetales. Sin embargo, a pesar de sus desacuerdos, no hay que restar importancia a las tesis de uno u otro. Las similitudes resultaron ser asombrosas. Entonces, tienden a entremezclarse, prevaleciendo el personal sobre el resto.

Author:Shakanris Nakasa
Country:Canada
Language:English (Spanish)
Genre:Sex
Published (Last):23 July 2014
Pages:349
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Entonces, Lque trataba de transmitir su inconsciente par media de una afirmaci6n de falsedad tan obvia? Con toda claridad expresaba de algun modo Ia idea de una mujer degenerada que estaba fntimamente relacionada con Ia vida del soiiante; pero puesto que Ia proyecci6n de esa imagen sobre su esposa era injustificada y falsa en Ia realidad, tuve que buscar en otra parte antes de encontrar lo que representaba esa imagen repulsiva.

En la Edad Media, mucho antes de que los fisi61ogos demostraran que, a causa de nucstra estructura glandular hay, a Ia vez, elementos masculinos y femeninos en todos nosotros, se deda que "cada hombre lleva una mujer dentro de si". Este elemento femenino de todo macho es lo que he llamado el "anima". Este aspecto "femenino" es esencialmente cierta clase inferior de relacionamiento con el contorno y, particularmente con las mujeres, que se guarda cuidadosamente oculto a los demas asf como a uno mismo.

Es decir, aunque la personalidad visible de un individuo pueda parecer completamente normal, tambien puede estar ocultando a los demas-o aun a sf mismo-la situaci6n deplorable de "Ia mujer de dentro". Ese era el caso de mi peculiar paciente: su lado femenino no era agradable. Por supuesto, un ejemplo de esta clase no puede tomarse como prueba de que el inconsciente se ocupa de dar 6rdenes "morales".

El sueiio no le decfa al paciente que se "portara mejor", sino que trataba, simplemcnte, de equilibrar Ia naturaleza desnivelada de su mente consciente, Ia cual mantenfa Ia f1cci6n de que el era todo un perfecto caballero. Es facil comprender por que los soiiantes ticnden a ignorar, e incluso negar, el mensaje de sus suciios.

La conciencia se resiste a todo Io inconsciente y desconocido. Ya seiiale Ia existencia entre los pueblos primitivos de lo que los antrop6logos llaman "misonefsmo", un miedo profundo y supersticioso a Ia novedad. Los primitivos manifiestan todas las reacciones del animal salvaje contra los sucesos funestos. Pero el hombre "civilizado" reacciona en una forma muy parecida ante las ideas nuevas, levantando barreras psico16gicas para protegerse de Ia conmoci6n que le produce enfrentarse con algo nuevo.

Esto puede observarse facilmente en toda reacci6n individual ante sus propios sueiios cuando le obligan a admitir un pensamiento sorprendente. Muchos precursores en filosoffa, ciencia, e incluso en literatura, fueron vfctimas del innato conservadurismo de sus contemporaneos.

La psicologfa es una de las ciencias mas j6venes; como intenta ocuparse de Ia labor del inconsciente, se ha encontrado inevitablemente con un misonefsmo extremado. Los dos puntos fundamentales al tratar de los suenos son: primero, el sueno ha de tratarse como un hecho acerca del cual no deben hacerse suposiciones previas, salvo que, en cierto modo, el sueiio tiene sentido; y segundo, el sueno es una expresi6n espedfica del inconsciente. Diffcilmente se podrfan poner estos principios en forma mas modesta.

Por bajo que sea el concepto que se tenga acerca del inconsciente, hay que conceder que merece investigarse; el inconsciente, por lo menos, esta al nivel del piojo, que, despues de todo, goza del honrado interes del entom6logo.

Si alguien con poca experiencia y conocimiento de los sueiios piensa que los suefios son solo sucedidos ca6ticos sin significado, esta en libertad de pensarlo asf. Pero si damos por adm1tido que son sucesos normales como de hecho lo son , entonces hay que considerar que son o causados-es decir, que hay una causa racional de su existencia--o, en cierto modo, intencionados, o ambas casas.

Examinemos alga mas de cerca las formas en que los contenidos conscientes e inconscientes de Ia mente estan ligados. Pongamos un ejemplo conocido por todos. De repente, nos encontramos que no podemos acordarnos de lo que fbamos a decir a continuaci6n, aunque, un momento antes, el pensamiento era perfectamente claro. Decimos que no podemos acordarnos; aunque, de hecho, el pensamiento se ha transformado en inconsciente o, al menos, ha quedado momentaneamente separado de Ia consciencia.

Encontramos los mismos fen6menos en nuestros sentidos. Si escuchamos una nota continuada en el limite audible, el sonido parece interrumpirse a intervalos regulares y comenzar de nuevo.

Tales oscilaciones se deben a un decrecimiento y crecimiento peri6dicos de nuestra atenci6n, no a ningun cambio de Ia nota.

Pero cuando algo se evade de nuestra consciencia no cesa de existir, como tampoco un coche que desaparece al volver una esquina se diluye en el aire. Simplemente, esta fuera de nuestra vista.

AI igual que, despues, podemos volver a ver el coche, nos encontramos con los pensamientos que habfamos perdido durante algun tiempo. Por tanto, parte del inconsciente consiste en una multitud de pensamientos oscurecidos temporalmente, impresiones e imagenes que, a pesar de haberse perdido, continuan influyendo en nuestra mente consciente.

Un hombre que es distrafdo o abstrafdo cruza la habitaci6n para ir a coger algo. Se chofisnay hotmail. Sus manos tantean entre los objetos de la mesa como si fuera un sonambulo; se ha olvidado de su primitiva intencion; sin embargo, inconscientemente va guiado por ella.

Luego se da cuenta de lo que queria. Su inconsciente se lo ha apuntado. Si se observa la conducta de una persona neurotica, se la puede ver hacienda muchas cosas que parece realizar consciente e intencionadamente. Sin embargo, si se le pregunta acerca de elias, se descubrira que o es inconsciente respecto a elias o esta pensando en otra cosa completamente distinta.

Oye y no oye; ve, pero esta como ciega; sa be y es ignorante. Tales ejemplos son tan corrientes, que los especialistas pronto se dan cuenta de que los contenidos inconscientes de la mente se portan como si fueran conscientes y que, en tales casos, nunca se puede estar seguro de si el pensamiento, palabra o accion es consciente o no lo es.

Es esta clase de conducta lo que hace que muchos medicos desechen como mentiras totales las afirmaciones de pacientes histericos. Cierto es que tales personas dicen mas falseclades que la mayorfa de nosotros, pero "mentira" no es precisamente la palabra adecuada.

De hecho, su estado mental produce incertidumbre de conducta, porque su consciencia es susceptible de eclipses impredecibles producidos por interferencia del inconsciente.

Incluso sus sensaciones tactiles pueden revelar similares fluctuaciones de conocimiento. Si su atencion puede enfocarse sobre cierto punto, todo su cuerpo puede quedar como anestesiado hasta que Ia tension causante de ese oscurecimiento de los sentidos se reIaja. Entonces se reanuda inmediatamente la percepcion sensorial. Sin embargo, en todo momenta ha estado inconscientemente atento a Io que estaba sucediendo. El medico puede ver este proceso con toda claridad cuando hipnotiza a un paciente de ese tipo.

Es facil demostrar que el paciente se daba cuenta de todos los detalles. El pinchazo en el brazo o la observacion hecha durante un eclipse de consciencia se puede recordar tan exactamente como si no hubiera habido anestesia u "olvido". Me acuerdo de una mujer que una vez fue admitida en la clfnica en un estado de total estupor. Cuando al dfa siguiente recobro la consciencia, recordo quien era, pero no sabfa donde estaba, como o por que habfa ido alH, ni el dfa.

Sin embargo, despues de hipnotizarla, me conto por que se habia puesto enferma, como habfa llegado a la cHnica y quien la habfa admitido. Todos estos deta 1Jes se pudieron comprobar. Incluso pudo decir la bora en que fue admitida, porque vio el reloj del zaguan.

Bajo la hipnosis su memoria era tan clara como si hubiera estado consciente todo el tiempo. Cuando estudiamos tales materias, generalmente tenemos que aportar pruebas proporcionadas por la observacion clfnica. Tambien se opuso a Ia teoria de Ia evoluci6n de Darwin, como cuando un maestro de escuela norteamericano llamado Scopes fue procesado en por enseiiar el evolucionlsmo Pagina opuesta, izquierda: durante el juicio, el abogado Clarence Darrow defendiendo a Scopes. Soy un hombre y un hermano?

Consideran toda expres10n del incomo algo de indole neur6tica o psicopatica, que nada tiene que ver con el estado de una mente normal. Pero los fenomenos neur6ticos en modo alguno son exclusivamente producto de enfermedad. En realidad, no son mas que exageraciones pato16gicas de sucesos norm ales; y solo porque son exageraciones resultan mas patenies que su contrapartida normal.

En todas las personas normales pueden observarse sintomas histericos, pero son tan leves, que, por lo general, pasan inadvertidos.

El olvtdo, por ejemplo, es un proceso normal en el que ciertas ideas com:cientes pierden su energia espedfica, porque Ia atenci6n se desvi6. Cuando el interes se vuelve hacia cualquier parte, deja en sombra las cosas de las que se ocupaba anteriormente, al igual que un foco de luz ilumina una nueva zona, dejando otra en oscuridad.

Esto es inevitable, porque la consciencia solo puede mantener en plena claridad al mismo tiempo unas pocas imagenes y aun esa claridad fluctua. Pero las ideas olvidadas no han dejado de existir.

Aunque no pueden reproducirse a voluntad, estan presentes en un estado subliminal-precisamente, mas aHa del umbra! Estoy hablando aqui de cosas oidas o vistas conscientemente y luego olvidadas. Sin embargo, el inconsciente se ha dado cuenta de el, y esas subliminales percepciones sensibles desempeiian un papel significativo en nuestra vida diaria. Sin darnos cuenta de ello, influyen en la forma en que reaccionamos ante los hechos y Ia gente. Un ejemplo de esto, que encontre particularmente revelador, me lo proporcion6 un profesor que habia estado paseando por el campo con uno de sus disclpulos, absorbidos en profunda conversaci6n.

De repente, se dio cuenta de que sus pensamientos eran interrumpidos por un inesperado torrente de recuerdos de su primera niiiez. No sabia a que atribuir esa distracci6n. Nada de lo que habia dicho pareda tener relact6n alguna con sus recuerdos. Reconstruyendo Ia escena, vio que cuando surgi6 el primero de esos recuerdos de Ia nifiez acababa de pasar ante una granja. Una vez alli, el profesor not6 el olor de los gansos, e inmediatamente se dio cuenta de que era ese olor el que habia precipitado el torrente de recuerdos.

En su niiiez habia vivido en una granja donde se criaban gansos, y su olor caracteristico dej6 una impresi6n duradera, aunque olvidada. Arnba, centro y derecha. A veces los part1cipantes reciben mordeduras fatales. La percepci6n era subliminal, porque la atenci6n estaba prendida en otras cosas y el estfmulo no era lo bastante fuerte para desviarla y alcanzar la consciencia directamente.

Sin embargo, trajo los recuerdos "olvidados". Tal "sugerencia" o efecto de "gatillo" puede explicar el brote de los sfntomas neur6ticos, asf como los mas benignos recuerdos cuando lo que se ve, huele o suena recuerdan una circunstancia del pasado.

Una muchacha, por ejemplo, puede estar muy atareada en su oficina, aparentemente con buena salud y de buen humor. Un momenta despues se le levanta un dolor de cabeza entontecedor y muchos otros sfntomas de abatimiento. Sin notarlo conscientemente, ha ofdo Ia sirena de un barco lejano, y eso le ha recordado inconscientemente Ia desventurada separaci6n de un novio que ella hizo todo lo posible por olvidar.

Aparte del olvido normal, Freud describi6 varios casos que envolvfan el "olvido" de recuerdos desagradables, recuerdos que estamos muy predispuestos a perder. Como dijo Nietzs- che, donde el orgullo es de sobra insistente, el recuerdo prefiere ceder.

Asf, entre los recuerdos perdidos, hallamos no pocos que deben su estado sublimmal y su incapacidad para ser reproducidos voluntariamente a su naturaleza desagradable e incompatible. Los psic6logos los Jlaman contenidos reprimidos. Un caso tambien apropiado pudiera ser el de una secretaria que tuviera envidia de uno de los socios de su jefe.

Ella habitualmente olvida invitarlo a las reuniones, aunque el nombre esta claramente marcado en Ia lista que ella utiliza. Pero si se le pide una explicaci6n sobre ello, dira simplemente que "se le olvid6" y que!

Jamas admite - ni para sf misma-la verdadera causa de su omisi6n. Mucha gente supervalora equivocadamente el papel de la fuerza de voluntad y piensa que nada puede ocurrir en su mente sin que lo haya decidido e intentado. Pero debemos aprender a discriminar cuidadosamente entre los contenidos intencionados e inintencionados de Ia mente.

Es este "otro lado" el que haria que Ia secretaria olvidase las invitaciones.

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Tres libros como símbolos: "El hombre y sus símbolos", "Tao Te King" y "Job"

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El Hombre Y Sus Símbolos - Jung - Aguilar, 1966 - T. Dura

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